Aquí estoy otra vez, moviendo los dedos como si bailaran sobre una alfombra de letras y símbolos. Pasando horas y horas en el computador pareciendo que tuviera un asunto pendiente.
Es que los computadores son la revolución de nuestra época y me cuesta vivir sin éste, muy bien, admito que es mi mejor amigo. Seguramente es una de las confesiones más tristes que han escuchado.
Desde niño estuve sólo, siempre tuve un grado de autismo, me sentía diferente, la gente no se sentía a gusto conmigo, sin embargo nunca tuve padres ausentes, es más yo los quería bien lejos.
Como se pueden dar cuenta, no tengo un buen recuerdo de mi niñez, no obstante puedo rescatar algo, mi Atari. Pasaba horas atacando al enemigo, construyendo fuertes o escapando de fantasmas y me acostaba pensado que tácticas podía ocupar.
Mis notas bajaron, por lo tanto mi papá desechó el tesoro, ese que me había acompañado durante tanto tiempo, ese que yo sentía mi máximo consejero y que sin hablar me dijo todo.
Pasó el tiempo y un nuevo amigo llegó a casa, era un computador, mis ojos brillaron en cuanto vi a papá llegando con tal sorpresa, lo miré y me dijo que no era sólo para jugar sino también para trabajar, siempre supe que lo compró porque se sentía culpable del “asesinato”
Cada día descubría algo nuevo en aquel tesoro, podía realizar de todo, desde escribir un texto a jugar todos los juegos del planeta.
El computador marcó mi adolescencia, no fui como los demás, nunca salí con chicas, me aburría en las fiestas y no hablaba estupideces.
Quizás, para ustedes soy un grandísimo idiota, un perfecto sin vida que ha pasado la mayor parte de su tiempo al frente de una pantalla, con el poto cuadrado y unos kilos de más.
El computador es mi trago diario, bebo de él cada día y me cuesta parar, puedo ser un computadoradicto, no sé si existe, pero debería y me siento orgulloso de serlo.
Es que los computadores son la revolución de nuestra época y me cuesta vivir sin éste, muy bien, admito que es mi mejor amigo. Seguramente es una de las confesiones más tristes que han escuchado.
Desde niño estuve sólo, siempre tuve un grado de autismo, me sentía diferente, la gente no se sentía a gusto conmigo, sin embargo nunca tuve padres ausentes, es más yo los quería bien lejos.
Como se pueden dar cuenta, no tengo un buen recuerdo de mi niñez, no obstante puedo rescatar algo, mi Atari. Pasaba horas atacando al enemigo, construyendo fuertes o escapando de fantasmas y me acostaba pensado que tácticas podía ocupar.
Mis notas bajaron, por lo tanto mi papá desechó el tesoro, ese que me había acompañado durante tanto tiempo, ese que yo sentía mi máximo consejero y que sin hablar me dijo todo.
Pasó el tiempo y un nuevo amigo llegó a casa, era un computador, mis ojos brillaron en cuanto vi a papá llegando con tal sorpresa, lo miré y me dijo que no era sólo para jugar sino también para trabajar, siempre supe que lo compró porque se sentía culpable del “asesinato”
Cada día descubría algo nuevo en aquel tesoro, podía realizar de todo, desde escribir un texto a jugar todos los juegos del planeta.
El computador marcó mi adolescencia, no fui como los demás, nunca salí con chicas, me aburría en las fiestas y no hablaba estupideces.
Quizás, para ustedes soy un grandísimo idiota, un perfecto sin vida que ha pasado la mayor parte de su tiempo al frente de una pantalla, con el poto cuadrado y unos kilos de más.
El computador es mi trago diario, bebo de él cada día y me cuesta parar, puedo ser un computadoradicto, no sé si existe, pero debería y me siento orgulloso de serlo.


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